“Nos gusta relacionarnos con la gente”: la princesa italiana que quiere que los turistas se hospeden en su palacio
Por Silvia Marchetti, CNN
En la clásica película “Roman Holiday”, el periodista estadounidense interpretado por Gregory Peck conoce a una princesa europea de incógnito, interpretada por Audrey Hepburn, sin darse cuenta inicialmente de su identidad real.
Con Roma como telón de fondo de entretenidas escenas de la vida italiana de la década de 1950 —paseos en Vespa frente al Coliseo, compras cerca de la Plaza de España, cafés y desenfrenadas fiestas de baile—, es una película que, incluso 70 años después, inspira a la gente a visitar la capital italiana.
Por supuesto, aunque todavía es posible disfrutar de las Vespas, los cafés y el Coliseo, vivir aventuras aristocráticas probablemente esté fuera del alcance de la mayoría de los viajeros, a menos que se hospeden en la Ruspoli Bonaparte Residence.
Al combinar el lujo de un hotel de cinco estrellas con el glamour y la exclusividad de un palacio renacentista, la Residence tiene que ser uno de los alojamientos más inusuales de Roma.
No por su legado histórico, pese a que data del siglo XVI y cuenta con cuatro enormes suites decoradas con muebles antiguos y tapices. Tampoco por su ubicación, justo en el corazón del principal distrito comercial de la Ciudad Eterna.
La razón es que todavía pertenece a la realeza, y los huéspedes que se alojan allí son recibidos por sus propietarias: la princesa Giacinta Ruspoli, abogada y periodista convertida en hotelera y organizadora de eventos que administra las propiedades de su familia, y su madre, la princesa Maria Pia.
En lugar de aislarse en su ornamentada residencia familiar, ambas dicen que tienen la misión de compartirla con los viajeros, a cambio de un precio, por supuesto.
“Nos consideramos simples custodios del palacio Ruspoli Bonaparte, no nos gusta decir que somos sus propietarios”, dijo Giacinta. “Los tiempos han cambiado.
“Mi familia quiere compartir con todos esta belleza que hemos recibido como un regalo. Está impregnada de una parte única de la historia y las tradiciones de Italia. No vivimos encerrados en nuestro castillo, nos gusta relacionarnos con la gente abriendo las puertas de nuestra propia casa”.
Giacinta dice que su palacio suele atraer a huéspedes estadounidenses seducidos por la posibilidad de “vivir la experiencia de la realeza”.
“Nos eligen porque quieren disfrutar de una estadía principesca y sienten curiosidad por descubrir la historia del lugar y de los nobles que todavía viven aquí, como mi madre y yo”, añadió Giacinta. “Estados Unidos no tiene una historia ni un legado aristocrático”.
Alquilar su casa ancestral les ayuda a recaudar dinero para invertir en el mantenimiento constante que requiere conservar en pie el antiguo palacio, una tarea que, según las princesas, es “abrumadoramente costosa”. Los problemas que implica el mantenimiento no son únicamente financieros. Cada renovación, dicen, requiere obtener la extensa documentación obligatoria para todos los edificios históricos de Italia.
Una noche en una de las cuatro suites de la propiedad —cada una de más de 93 metros cuadrados, con varios salones, chimeneas de piedra que llegan hasta el techo y decoraciones de mármol— cuesta desde unos US$ 470 e incluye servicio de mayordomo y desayuno. También se pueden reservar por un costo adicional comidas privadas, con chefs en la suite y menús italianos personalizados, así como servicios de belleza.
Giacinta dice que todo el palacio Ruspoli puede alquilarse de forma exclusiva por precios que comienzan en 4.000 euros, unos US$ 4.700, por noche.
Aunque cada suite puede alojar hasta cuatro personas, las dos ubicadas en un piso superior tienen habitaciones dobles, una veranda panorámica y una terraza privada con vistas al centro histórico de Roma y cómodas sillas para descansar.
La decoración incluye antiguos techos artesonados pintados con fondos dorados, frescos de viñedos que representan el escudo de armas de los Ruspoli, pisos de parqué y antiguos retratos de sus antepasados.
Cuando Giacinta y su madre reciben a los huéspedes o se encuentran con ellos durante el día, les gusta contar historias del pasado: la grandeza, los escándalos, los romances, los fantasmas y las batallas que libraron sus antepasados.
La historia familiar es extensa. El linaje del apellido Ruspoli se remonta claramente a la Edad Media y al reinado de Carlomagno, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico que unificó gran parte de Europa Occidental a finales del siglo IX. Entre los momentos clave está la forma en que los Ruspoli hicieron fortuna gracias a sus vínculos con el Vaticano, que contribuyeron al ascenso de varios papas relacionados con la familia e incluso de un santo.
La residencia Ruspoli Bonaparte es el lugar donde el emperador Napoleón III, sobrino de Napoleón Bonaparte, creció en la década de 1820 junto a su madre, Hortense de Beauharnais, reina de Holanda. El palacio está repleto de pinturas y otras obras de arte que ella encargó.
Giacinta, quien tiene unos 30 años, gestiona las reservaciones, los correos electrónicos y las solicitudes de los clientes, pero también organiza eventos privados personalizados y visitas guiadas por el palacio.
Uno de los principales atractivos es la escalera de entrada de la residencia Ruspoli, construida con elaboradas piezas de mármol que, según una tradición popular que se remonta al siglo XVIII, es conocida como una de las “cuatro maravillas de Roma”.
Para la mayoría de los huéspedes, lo más impresionante es el diseño interior. Hay camas con dosel moradas y verdes, sofás mullidos, paredes revestidas de seda, enormes candelabros de cristal, espejos esmaltados y estatuas de madera de tamaño natural convertidas en lámparas. También hay mesas hechas con maderas y piedras preciosas, como ónix negro y malaquita verde. Todo brilla y resplandece.
Los huéspedes también obtienen una “entrada” a otra residencia nobiliaria. Las princesas han abierto el Castello Ruspoli, propiedad de su familia, una extensa antigua finca de caza en el pueblo de Cerveteri, a 48 kilómetros (30 millas) al norte de Roma.
El edificio del siglo XVI, situado en una ladera cerca de la costa del mar Tirreno, fue renovado recientemente para convertirlo en un hotel boutique con 10 suites que pronto podrán reservarse a precios similares a los de la propiedad de Roma. Por ahora, los huéspedes de la residencia Ruspoli en la capital pueden hacer recorridos y reservar cenas en el castillo.
El lugar también ofrece exclusivas veladas de cócteles al atardecer en una logia de dos pisos, o columnata, con vistas a la plaza del pueblo, y actualmente se utiliza para celebraciones extravagantes como bodas, cumpleaños y fiestas, e incluso para rodajes de películas.
Giacinta dice que la renovación ha tomado tiempo debido a los trámites burocráticos.
“La remodelación es un ejemplo de cuánto tuvimos que esperar para obtener los permisos y realizar las obras”, dijo. “Nos tomó años conseguir únicamente la autorización de las autoridades locales de patrimonio artístico”.
Una vez que abra, los huéspedes podrán disfrutar de los cuidados terrenos del castillo, incluido un sendero con vistas que se extienden hasta el mar.
El castillo está ubicado en el casco antiguo del pueblo de Cerveteri, dentro de murallas fortificadas que datan del siglo IV a.C.
Cerveteri se encuentra en el corazón de la llamada Tuscia romana, una región histórica conocida por sus antiguos sitios funerarios y sus pintorescos pueblos construidos sobre roca volcánica de toba.
Aunque el castillo fue construido originalmente como puesto defensivo de vigilancia frente a enemigos que avanzaban hacia Roma, la familia Ruspoli lo ha utilizado durante mucho tiempo como refugio rural. Los antepasados de Giacinta pasaban allí el verano y el otoño, cazando jabalíes en los bosques de castaños de los alrededores, a menudo acompañados por miembros de alto rango del clero.
Cabezas de animales cazados como trofeos observan desde lo alto la principal escalera de piedra del castillo, que es lo suficientemente ancha como para que pase un carruaje tirado por caballos.
El enorme salón principal del castillo, que parece sacado de “Game of Thrones”, alberga ahora cenas y banquetes formales. En uno de sus extremos hay una enorme chimenea vacía. El espacio donde antiguamente se apilaban grandes cantidades de leña encendida es lo suficientemente grande como para albergar a un pequeño grupo de personas.
El salón está flanqueado por entradas a lujosas suites decoradas con frescos de escenas bucólicas y mitológicas que incluyen orgías entre animales, mujeres y divinidades.
“Los fines de semana llevamos a nuestros huéspedes que se alojan en Roma a visitar el castillo de Cerveteri y, si lo solicitan, pueden disfrutar de cenas exclusivas en la logia con los mejores platos auténticos de esta zona”, dice Giacinta.
Según ella, alojarse en los palacios Ruspoli permite a los visitantes experimentar las dos caras de Roma —la grandeza de la capital y la tranquilidad de su naturaleza virgen— con un estilo aristocrático.
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